martes, 16 de noviembre de 2010

SANT FRANCESC




Hace unos días, se celebraba en el Col·legi d’Arquitectes un seminario sobre movilidad. Una de las intervenciones estuvo a cargo de Carlos García Delgado, quien se preguntó por qué Palma ha abandonado algunos lugares privilegiados a los coches. Puso como ejemplo la plaza de Sant Francesc.

En cierta manera, creo que somos muchos los que hemos pensado lo mismo en alguna ocasión. No cabe duda de que la plaza de Sant Francesc es una de las más bonitas de la ciudad. Por un lado tiene la magnífica fachada barroca del templo, con ese coro de ángeles que dice la leyenda fue el que evocó Juníper Serra al poner a una de sus fundaciones Los Ángeles. Así al menos lo cuenta Miquel Ferrà i Martorell en uno de sus libros de itinerarios. Al otro lado, una serie de estupendos “casals” de la ciudad vieja. Con sus invernaderos de cristal, sus grandes portalones en medio punto, sus patios oscuros y resonantes.

Como contrapunto, dos edificios bien singulares. Por un lado el colegio de Sant Francesc, obra de Alomar y Ferragut, y por la obra la caja de Ahorros con el aparato modernista y neoclásico de Bennàssar. Dos conjuntos que otorgan una diversidad arquitectónica muy interesante al conjunto.

Agitemos todos esos elementos, imaginando que en lugar de un aparcamiento congestionado y lleno de coches en doble fila, lo que tenemos es una plaza peatonal. Con árboles, con terrazas. Una plaza “a la italiana”. Pictórica, espectacular. Que causaría la envidia de otras ciudades.

Realmente el cambio sería total. De ser un lugar de paso se convertiría en un punto de encuentro. Animado además por los estudiantes, por los que visitan el templo. Parece mentira que teniendo este capital en las manos, siga siendo simplemente un triste dormidero de coches. Oscuro y desolado por las noches. Sin encanto alguno.

No estaría mal hacer un recuento de esas plazas o rincones desaprovechados con los que cuenta Palma. Lugares que lo tienen todo y sin embargo duermen el sueño del olvido. Abandonados a la desidia y la falta de aprecio por los valores de la ciudad.

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